Gratis

Empecé a escribir este libro en el año 2011. Desde entonces me han gritado y se han enfado conmigo incluso personas que no me conocían, me han echado del trabajo, me han dejado solo durmiendo en un taxi que no iba para mi casa, y algunos amigos han dejado de hablarme. De pronto los pantalones me aprietan, las chicas me tratan de usted, las compañías aéreas insisten en dejarme tirado en Buenos Aires y, en general, digamos que también por mi parte la he cagado muchísimo, no lo voy a negar. No he acertado en nada. El libro lleva años intentando decirme que lo único a lo que puedo aspirar es a escribir. Que no pida más. Que por lo menos lo intente, porque todo lo demás estará siempre fuera de mi alcance. El libro va de un tipo al que secuestran amablemente, y voy a presentarlo el lunes 10 de julio a las 19:30h, en la calle Libertad 8. La presentación también estará, sin duda, fuera de mi alcance, y será un desastre. Todo lo que haga en los próximos años estará fuera de mi alcance y será un desastre.

El texto va acompañado de una foto de ‘El secuestro’, el libro que presenté el 10 de julio de 2017.

4 de julio, 2017

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La gente no lee. Y si tiene que leer se enfada. Mi vecina, por ejemplo, si le pido personalmente que baje un poco la música no me hace caso, pero por lo menos no se enfada. Ahora, si le dejo una nota en el buzón, y ella tiene que LEER LA NOTA, se enfada tanto —no por el contenido de la nota, que es amable, sino por tener que leer algo— que en lugar de bajar la música la sube aún más. La época de los escritores abrazados en los cafés literarios ha pasado. Ahora vivimos en la época de los escritores ninguneados. Y pronto llegará la época de los escritores que corren delante de vecinos con bates de béisbol.

2 de julio, 2017

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Los ingenieros siguen sin solucionar el problema de la ropa que se cae al suelo cuando la sacamos de la lavadora.

–Ponga usted una palangana en el suelo –dice un ingeniero, con esa elegancia que los caracteriza.

No son todos iguales, es cierto. Estos hacen lavadoras. Pero si trabajaran en la NASA harían lo mismo. Recibirían a los astronautas con una palangana del tamaño de Houston, Texas. Y siempre mirándote por encima del hombro, aunque hablen solos, sentados en un VIPS, mientras comen hamburguesas y gritan los goles de unos jóvenes defraudadores que se suben la camiseta y se ríen y festejan porque ellos no tienen que sacar la ropa de la lavadora. ¿Y por qué siempre se me tienen que caer los calzoncillos al suelo? ¿Y estas bragas de quién son? Me las he probado y no son mías. Pues porque me aprietan por todas partes. Puede que los escritores tampoco seamos elegantes. Y que haya algún defraudador en la familia, si es que alguno gana dinero escribiendo libros. Y ni siquiera sabemos sacar la ropa de una lavadora. Bajo a comprar una palangana. Me quito las bragas y bajo a comprar una palangana. También podría bajar así.

22 de junio, 2017

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Veo gente adulta con teléfonos increíbles. Los sacan de sus bolsillos y miran cosas. Están asombrados de lo que pueden hacer con esta tecnología. Habrán sentido lo mismo los ciudadanos que de pronto se encontraron con el lenguaje escrito, esa otra maravilla tecnológica, con la que también se pueden hacer cosas. Se puede, por ejemplo, enamorar a una persona que no nos quiere, o pedir que nos reserven un elefante para hacernos fotos encima de él, o recurrir una multa de tráfico, o describir a nuestra novia hermosa temblando de frío al salir de un pantano madrileño. El lenguaje es algo mágico. El problema es el uso que le damos. Mariano Rajoy lo usa para decir: «Cuanto peor, mejor para todos…», etcétera. La frase completa debe haber sonado como un lento tiro en la boca para su profesora de literatura, que sin duda habrá pensado en suicidarse. Pero en suicidarse antes de oír la frase. Ahora ya es tarde. Ahora somos todos más estúpidos. Y ella no tiene la culpa. A no ser que lo haya votado. En ese caso sí tiene la culpa.

19 de junio, 2017

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Una vez trabajé con un tipo muy simpático. Pero no tenía imaginación. No era capaz de imaginarse a una mujer desnuda. Lo sé porque una vez vi su historial de navegación.

14 de junio, 2017

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Ayer esperaba para cruzar una calle. Entonces una chica le dijo a su novio: «Cuando cumplas 50 espero que estés como él». Creo que se refería a mí. No había nadie más.

1 de junio, 2017

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Si hoy cumpliera 50 años no estaría nada mal.

1 de junio, 2017

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Me llaman y me ofrecen un iPhone 7, el teléfono más inteligente de todos. A mí, que no sé ni retener una llamada. Hombre, como interesarme me interesa, tampoco soy tan tonto. Con un iPhone 7 podría ver las fotos de las tartas que me envía mi abuela. Que ni siquiera es mi abuela. Es la abuela de un amigo, pero es la última abuela viva que conozco. Y después vienen las madres vivas, que son espectaculares, porque esas me mandan fotos de ellas mismas, en ropa interior, delante del espejo, o debajo de un espejo, o aplastadas contra un espejo. Y más o menos en este punto me doy cuenta de que estoy hablando solo; la chica del iPhone 7 me ha colgado hace un rato. No me ha dado tiempo a decirle que uno puede divertirse con cualquier teléfono. Que la inteligencia tiene que ponerla uno, que no puedes pedírsela a un teléfono. Y mucho menos puedes pedírsela a un desconocido al que llamas para ofrecerle algo que no quiere.

30 de mayo, 2017

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Muy pesado hay que ser para que te llamen de un banco y te terminen colgando porque no te soportan. En mi defensa diré que no me había despertado del todo.

25 de mayo, 2017

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Todos hemos sostenido, incluso hemos sacudido violentamente, una de esas cosas blandas, y al mismo tiempo duras, con nuestras manos salvajes y ensalivadas. Libros. Me refiero a libros. Con las yemas de los dedos chupadas hemos pasado páginas y páginas iluminadas por esta luz que recorre ciento cuarenta y nueve millones de kilómetros para impactar contra nosotros. A veces pasa que la luz viaja a ras de una página concreta, y entonces descubrimos su porosidad, su flexibilidad y su gramaje. Cuando esto ocurre la tinta se despega tanto del papel que es como si las palabras flotaran, como si estuvieran suspendidas entre la página y la mirada del lector que se desconcentra ante toda esta belleza. La Biblioteca Pública de Segovia tiene muchísimos libros, y cada libro espera que alguien lo abra, que alguien pase la primera página, y a mitad del recorrido se encuentre con esta luz viajando de costado, con la porosidad del papel, con la ingravidez de las palabras y con el escándalo de esta belleza oculta y salvaje, atrapada en nuestras manos perversas de lectores resbaladizos.

(«Cosas blandas», para Luisa Santamaría). 20 de mayo, 2017

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Siempre tuve reparos en admirar a Virgilio. Siempre me molestó el origen político de la Eneida, esa filial de la Ilíada y de la Odisea. Sin embargo le ha ido bien a Virgilio, a pesar de mis reparos: los cristianos lo consideraban un profeta, los adivinos galos creían que sus libros eran mágicos y respondían a preguntas concretas abriendo la Eneida y leyendo una frase al azar, Dante lo quiso a su lado en el Infierno, y Borges lo consideraba uno de los grandes poetas. Lo que podemos llamar una muerte tranquila y feliz. Hasta que la Wikipedia publicó un artículo sobre él y lo nombró «Don Pepinillo». Con dos cojones. Para olvidarme de esta broma de mal gusto he leído un poema que me encanta, de un poeta vivo que hasta donde yo sé siempre ha escrito lo que ha querido: http://trianarts.com/santos-dominguez-persistencia-del-humo/#sthash.IgVkrzJ5.dpbs

15 de mayo, 2017

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Supongo que escribir microteatro me convierte en un microdramaturgo, con mis micropartes secretas ocultas en mis calzoncillos, también micropequeños. Supongo que soy como un dramaturgo cualquiera, sólo que en versión diminuta. Así que cuando llegue el momento de dar por culo —eso que tanto les gusta hacer a los dramaturgos— te daré por culo simpáticamente. Apenas sentirás unas cosquillas entre las nalgas. Y las cosquillas siempre están bien. Siempre te hacen reír. Aunque odies a los dramaturgos y a Laura Lorenzo, que sigue sin aprenderse el texto porque dice que para mañana falta un montón. No la soporto. Amiga de mi novia tenía que ser.

5 de mayo, 2017

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Mi novia me obliga a escribir teatro. Y después me intenta convencer de que a mí me encanta escribir teatro. Estoy harto de esta mujer. Si el viernes alguien va a ver la obra, y va en coche, por favor, que no apague el motor, que simplemente me avise que está fuera. Yo saldré del teatro corriendo y con mi novia detrás, tirándonos piedras a los cristales y pateándonos las ruedas. Será divertido. Y así conocéis a mi novia.

3 de mayo, 2017

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Tengo el pelo cada vez más blanco y los dientes cada vez más amarillos. Qué manera estúpida de envejecer. ¿No podría ser al revés, el pelo cada vez más amarillo y los dientes cada vez más blancos? Podría —dijo alguien desde la cama, poniendo voz de adivina mágica sin bragas— pero para eso hay que ir a Ibiza, donde todos podemos tener el pelo amarillo y los dientes blancos, y por supuesto, la nariz sangrando y las manos temblando de la alegría. Luego me quejo de mi novia, pero las demás tampoco es que sean mucho más sensatas.

26 de abril, 2017

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Mi novia me dice que le echo demasiado Colacao a la leche. Yo le digo que no. Entonces toso una nube de Colacao sin disolver en toda su cara de mujer enfadada y marrón. Se limpia con una servilleta y no me dice nada. Se cree muy elegante por no decirme nada. No la soporto.

22 de abril, 2017

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Me gusta la puntualidad de los teatros. Me gusta que los actores se pongan nerviosos si la gente en lugar de entrar se queda fumando en la puerta. Me gusta oír a los técnicos cagándose en todo, y por supuesto me gusta ver a la directora —mi novia— poniéndose de muy mala hostia y echándome la culpa a mí por todo. El respeto por la representación es tan grande que nunca empiezan después de la hora prevista. Nadie es más importante que la obra. Esto es así dentro del teatro. Luego fuera del teatro la cosa es diferente. Cuando quedo con mi novia —la directora— siempre me hace esperar. Se la suda llegar tarde. Cualquier cosa es más importante que llegar puntual. La única forma de hacer que llegue puntual es quedar con ella para ir a ver una obra de teatro. Y la única forma de hacer que me quiera un poco es escribiendo una obra de teatro. Yo una vez al año escribo una obrita de quince minutos, para que me quiera un poco. Este año escribí una que se llama «Lo de Ana es puro teatro». La haremos el viernes 5 de mayo. Sólo un día, tres pases. El primer pase empieza a las 20:30h. Supongo que no hace falta decir que empezará puntual, ni que me voy a poner de muy mala hostia si veo que en lugar de entrar os quedáis fumando en la puerta, ni que la actriz aún no se ha aprendido el texto, porque cualquier cosa es más importante que aprenderse el texto. Malísima persona, esta Laura Lorenzo. Pero excelente actriz. Todo no se puede tener en esta vida.

21 de abril, 2017

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Estaba en el parque de Roma leyendo, cuando empecé a oír ese ruido asqueroso que hacen los palomos en celo. Miré a los lados, porque veía al palomo en celo, pero no veía a la paloma que intentaba cortejar. Cuando volví la vista el palomo me estaba fornicando un pie. Lo espanté, pero ya era tarde. Puto palomo. Qué asco. Mientras me limpiaba me acordé de Hermes, el dios griego, que tenía alitas en los pies. Yo una vez me pregunté cómo le habían crecido esas alitas. Ahora lo sé. Tengo un extraño hormigueo en el pie. Hermes lo habrá tenido también, porque sin duda él también habrá vivido una situación similar con un palomo en celo (en cuestiones religiosas estos bichos explican cualquier cosa). Pero mi palomo sólo me fecundó un pie. Es decir, que me deja en una situación de semidivinidad muy privilegiada, pero también muy incómoda, porque aunque vuelva al parque de Roma a leer todos los días de mi vida, no creo que me pase esto otra vez. Y si me pasa —supongamos que me pasa—, sería mucha suerte que me fecundaran el otro pie. Así que cuando el día llegue tendré que aprender a volar con un solo pie. Será algo lamentable de ver, lo sé. Pero tampoco está tan mal para un ateo.

19 de abril, 2017

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Hay una aplicación nueva para ligar. Pero esta es realmente buena, porque directamente liga por ti. La enciendes, y en cuanto encuentra a otra persona que también la tiene, ya estás ligando, automáticamente, sin abrir la boca. Y si la aplicación de la otra persona tiene el día loco, pues igual hacéis el amor y todo. Lo increíble de todo esto es que ni siquiera hay que salir de casa. Ni siquiera hay que ir al gimnasio, ni ducharse, ni perfumarse. Nada. En lo que va del día llevo echados dieciséis polvos, once de los cuales fueron con mujeres. El mundo ha mejorado mucho. En otras cosas no, pero en esta hemos mejorado mucho. Al menos yo.

11 de abril, 2017

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Si te gusta leer es lógico que algún día intentes escribir. La escritura es la lectura desde dentro. Pasa lo mismo con el cine: si te gusta ver películas, es lógico que algún día intentes hacer un corto. Si te gusta ver fútbol, que algún día intentes jugar al fútbol. Si te gusta comer, que intentes cocinar. Y si te gusta ver teatro, actuar. Y si te gusta ver porno, bueno, si no puedes parar de ver porno, es lógico que algún día te eches perfume. Pero no tanto, señora. Puedo oler sus intenciones a un kilómetro de distancia. Y no me toque, por favor. Es lo único que le pido.

7 de abril, 2017

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Yo a veces tengo insomnio. Para no molestar a mi novia me busco una actividad que no haga mucho ruido, y que no necesite luz. Mi preferida es acercar mi boca a su oreja y susurrarle: «Te voy a matar». Ella se asusta y me busca sin abrir los ojos. Entonces yo me duermo muy contento, abrazado a ella. Por la mañana le pregunto qué tal ha dormido. Me dice que fatal, que ha tenido una pesadilla. Yo la consuelo llamando a nuestros gatos invisibles, que se suben a la cama volando y nos recitan poemas de Santos Domínguez Ramos. Así pasan los días en esta casa de locos. Pasan como los postes de luz que estoy contando ahora mismo desde el tren. Yo tampoco he dormido bien. Creo que a veces entra gente por la noche y me dice barbaridades al oído.

5 de abril, 2017

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Tengo editor.

31 de marzo, 2017

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Las palomas pueden hacer el amor en las cornisas de los edificios sin que nadie les diga nada. Viven poco, pero viven intensamente.

29 de marzo, 2017

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Bebo tan poco que se me caducan las cervezas. Eso sí, después de 3 años en la nevera, las tiro heladas. Adiós, santo grial de la estupidez.

24 de marzo, 2017

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Salgo de casa con una fruta en la mano y noto que las mujeres no me miran. Estoy así un rato, hasta que me harto y le pregunto a una qué carajo les pasa hoy. Me dice que un hombre comiendo fruta, vaya y pase, pero que si la fruta es una banana,… ¿Qué?, le pregunto, con la boca llena de banana. Si por lo menos te la comieras, me dice, pero es que la chupas, y ni siquiera la has pelado, qué asco. Tiro la banana a la mierda, ofendidísimo, la verdad, y me meto dos kiwis bien peludos en la boca. Entonces las mujeres vuelven a mirarme y yo me siento mucho mejor. A las mujeres hay que entenderlas. Y yo las entiendo. Escribí un libro para ellas. Y ellas lo detestan, por supuesto.

17 de marzo, 2017

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Mi novia los viernes nunca puede hacer nada. Esto pasa desde hace meses, y yo empiezo a imaginarme lo peor. Yo me imagino a un hombre hermoso que le dice cosas cultas al oído, y ella sonríe mientras se quita los pantalones. Total, que hago mis averiguaciones y descubro que la cosa es aún peor: la tipa —esto creo que me lo dijo cuando nos conocimos— es directora de teatro. Era verdad. No me lo decía para hacerse la interesante. Yo tendría que ir a ver la obra. Si alguien quiere ir conmigo, que me avise. Dicen que la obra es buenísima, y que ella es la mejor directora joven de toda España. Lo dice una gente que le da un premio y luego se lo quita porque resulta que mi novia hace un año que ya no es joven. Eso sí que no se lo voy a perdonar nunca. Y que me haga ir al teatro. Encima un viernes.

14 de marzo, 2017

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–He dejado a mi novio –me dice– y tengo muchísimas ganas de verte.

–No veo la relación entre una cosa y otra –le digo–, pero bueno. A mí también me gustaría verte. Tengo plena confianza artística en ti.

–Sí, claro. ¿Tienes condones? Voy a tu casa.

Sigo sin entender lo que quería. Y ahora llaman a la puerta. A ver qué quieren de mí.

1 de marzo, 2017

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A esa persona que aún no me ha comprado el libro, tengo algo que decirle: tengo otro.

24 de febrero, 2017

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«Sudadera» es una palabra rara. Si aplicásemos la misma lógica a todas las palabras referidas a prendas de vestir, entonces los calzoncillos deberían llamarse «espermarios». Y las bragas, no, por Dios. No te las quites. Ya me las imagino, llevo toda la vida… bueno, gracias. Muchas gracias. Voy a llevarlas siempre conmigo, ahí donde vaya. Pero cierra un poco las piernas, por favor. Es cierto. Yo tampoco soy un caballero.

22 de febrero, 2017

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No quiero tarjetas de visita. Las tarjetas de visita son un objeto antiguo e innecesario hoy en día. Si alguien quiere saber algo de mí, que entre a mi web y se descargue «Anexo». Vale dos putos euros. Ahí está todo sobre mí. Hablábamos de esto en un bar, con un tipo que me dijo bueno, dígame el nombre de su página y yo me descargo eso. Empezamos a buscar papel y lápiz, que ninguno tenía, porque papel y lápiz también son objetos antiguos e innecesarios hoy en día. Al final nos lo dejó todo un señor que se estaba liando un cigarro en una mesa. Un tipo antiguo, al que le pedía dinero un negro que huía del Mediterráneo, porque el Mediterráneo lleva tres mil años seguidos en guerra, desde la guerra de Troya, hasta hoy, sin parar, mientras una mujer pedía en la barra una cerveza, esa reliquia egipcia que aún bebemos como si fuera una primicia. Se me ocurrió entonces que tal vez no éramos tan modernos después de todo, si seguimos bebiendo cerveza, maltratando a los negros, haciendo guerras en el Mediterráneo y echándole la culpa de todo a dictadores extranjeros. Así que mejor me imprimo unas tarjetas de visita y dejo que el mundo siga su curso, que no será bueno ni pacífico, pero ya nos es muy familiar, y no nos sorprende con novedades incómodas, como los móviles, que sirven para muchas cosas, pero no reemplazan a las tarjetas de visita. Los móviles sirven para dejarlos caer al suelo, cargarlos en los aeropuertos y hacernos fotos mientras bebemos cerveza en alguna taberna que huele a pedo de bisonte y se ilumina gracias a un trozo de madera encendida por aquel titán griego que pagó las consecuencias de creer en los humanos.

19 de febrero, 2017

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Que dice mi vecina que me vaya a vivir a Pozuelo si quiero silencio. No está mal para una señora de 70 años.

17 de febrero, 2017

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El topacio es un cristal de color amarillo, azul, verde, rojo o incoloro. Sabiendo esto, un escritor puso: «Tenía los ojos de color topacio». Después las mujeres no le harán caso, y él se preguntará por qué.

13 de febrero, 2017

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Novias que te llevan a ver danza contemporánea y te hacen pasar una velada estupenda de arte, de sensibilidad y de amor. Y luego te dicen que te quites la ropa, y nada de peros, ni de tengo frío, ni de creo que he oído un ruido en la cocina. Le he pedido permiso para ir al baño y aquí estoy. No sé qué hacer. El espectáculo era precioso, pero mi asiento estaba detrás de una columna y no se veía un carajo. Así que ahora que se aguante, y que deje de patearme la puerta. No pienso salir. Con estos modales, no pienso salir. https://vimeo.com/145201272

5 de febrero, 2017

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No tengo carné de conducir. Todo el mundo tiene carné de conducir, incluso gente que no sabe contar hasta diez, tiene carné de conducir. Lo digo porque estoy con mi novia en el supermercado, y en la caja rápida –máximo 10 productos–, hay un tipo con 19 productos. Pues este tipo, este pedazo de mierda humana, tiene carné de conducir. Lo sé porque afuera tiene un Golf TDI negro, precioso, recién lavado. Y recién escupido. Mi novia tiene un sentido de la justicia muy primitivo. Y carné de conducir. Por eso la quiero tanto. Y ahora, cariño, por favor, arranca, que el pedazo de mierda humana se ha bajado del coche y viene hacia nosotros arrastrando una cadena.

3 de febrero, 2017

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–¿Te has acostado con alguna otra Ana?

Yo me había acostado con otra Ana.

–Nunca –le dije.

–Mentira –me dijo, y se levantó muy ofendida y se metió en el baño.

Mentir me metió en problemas. Otra veces decir la verdad me metió en problemas. Es decir, todo me mete en problemas. ¿Hay algo que no me meta en problemas? ¿Hay algo en esta vida que me sirva de algo? Escribir en Facebook, por ejemplo, ¿alguna vez me ha servido de algo?

–Nunca –dijo ella.

–Mentira –dije yo, y me levanté muy ofendido y me metí en el baño.

27 de enero, 2017

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Soy un romántico en pervertido.

24 de enero, 2017

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Una amiga volvió de Nueva York con una camiseta de regalo. Le pregunté:

–¿Y ahora qué, me tengo que acostar contigo?

–No lo había pensado. Probablemente.

–Bueno –le dije–, pero hasta que no me la ponga no.

Pasaron meses, y un día por fin saqué la camiseta del cajón, la miré, y me empezó a sonar el móvil. Guardé la camiseta y el móvil dejó de sonar. Era ella. Si me hubiese regalado unos calzoncillos (que me hacen falta) ya habríamos terminado con esta tontería. Y de paso yo no tendría que pasar tanto frío mientras espero el autobús. Las faldas me quedan bien, pero tienen desventajas. Sobre todo en invierno. Sobre todo sin calzoncillos.

19 de enero, 2017

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Algún día entenderemos la enorme diferencia que hay entre un fotógrafo aficionado que lleva un año subiendo fotos a Instagram, y un fotógrafo profesional, que lleva dos años subiendo fotos a Instagram.

17 de enero, 2017

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Me complace anunciar que he creado una carpeta con el nombre PREMIOS LITERARIOS. Dentro de la carpeta ya hay un archivo, y dentro del archivo hay un espacio en blanco, listo para ser sucedido por el nombre de algún premio literario, que eventualmente ganaré. De momento no hay ninguno. Pero yo ya tengo la carpeta, el archivo, y me he peinado y perfumado. Ahora sólo tengo que esperar. Mirar por la ventana con cara de escritor interesante y esperar.

14 de enero, 2017

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Mi novia me llamó para decirme que estaba en La Central, que tenían mi último libro, que lo estaba viendo, que era increíble verlo junto a los demás. Que bajara a verlo. Me vestí lo mejor que pude, me perfumé y bajé. Estuvimos mirándolo un buen rato, juntos, de la mano. Es una sensación hermosa. En ese momento un tipo le dijo a su mujer: «Hay tantos [libros], que no sé cuál elegir». Le pregunté si aceptaba una recomendación. Me dijo que sí. Entonces le sujeté la cabeza y lo golpeé muy fuerte contra una estantería. Luego le encajé un rodillazo en toda la cara, y ya al final lo sujeté del cuello hasta dejarlo inconsciente y desparramado ahí en el suelo. Agarré un ejemplar de mi libro, se lo tiré encima y le dije: «Este». Sé que estáis con las compras de Reyes, y que seguramente pasaréis por la Fnac, La Central o Panta Rhei. Si necesitáis una recomendación me decís. ¿Estoy siendo demasiado directo? Odio ser demasiado directo. No va conmigo, ni con mi estilo pulcro, elegante y amanerado.

4 de enero, 2017

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El rey es el hombre más preparado de todos. Sin duda. ¿Por qué no destinar entonces una isla hermosa, para que la más alta expresión de la humanidad conviva alejada de nuestro influjo negativo, de nuestra falta de preparación, de nuestra falta de sensibilidad? Una isla sin prisas, sin preocupaciones, una especie de capital imperial de los reinos reunidos, con paraísos fiscales, fundaciones filantrópicas, medallas de colores, compi yoguis, elefantes voladores y escopetas. A ver cómo les va, con sus ministros de economía, con sus fondos monetarios internacionales, con sus fondos buitre, sus paraísos fiscales, sus bancos privados rescatados con dinero público, todos juntos y bien peinados. Seguro que en unos años vemos todo lo que han descubierto esas cabezas lujosas y brillantes como teteras deformes y aromáticas.

24 de diciembre, 2016

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Iberia: os deseo de todo corazón que estas fiestas tengáis que reclamar vuestra paga extra a vuestro servicio de Atención al Cliente.

19 de diciembre, 2016

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En la cocina tengo unos filetes de merluza que me preguntan: «¿Pero cuando nos descongeles se habrá descubierto ya la cura contra eso que tenemos?».

14 de diciembre 2016

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Donald Trump no expulsa a los argentinos porque los argentinos seremos mentirosos, panzones, impuntuales y asombrosamente fáciles de llevar a la cama, de acuerdo, pero en nuestros teléfonos tenemos miles de millones de fotos de mujeres casadas, sonriendo como si acabaran de hacer algo muy feo. Y Donald Trump no quiere una guerra civil. ¿O sí?

12 de diciembre, 2016

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Hay que escribir de forma sencilla, para que todo el mundo entienda. Incluso los estratos más bajos de la sociedad. Como por ejemplo la Academia Sueca.

8 de diciembre, 2016

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«Hombres que miran al futuro». Se definen a sí mismos de esta manera, sobre todo cuando sus mujeres descubren que les han sido infieles. De pronto hay que mirar al futuro. Nunca al pasado, siempre al futuro. Miran al infinito. Beben cerveza. Leen el Marca. Contratan abogados.

6 de diciembre, 2016

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Hay ideas que conviene no contar a nadie, porque siempre hay alguien que se ofende. Siempre. Yo a veces necesito contar esas ideas igualmente, para desahogarme. Se las cuento entonces a un objeto inanimado, como por ejemplo un papel, que no puede hablar con nadie, que no me puede hacer quedar mal, digamos. El problema viene cuando se hacen copias de ese papel, lo doblan, lo encuadernan, lo distribuyen, lo colocan en las estanterías de la FNAC, de la Casa del Libro y de Panta Rhei, y le ponen un precio: 15 €. [Guiño]. (Estoy intentando decir algo sin sonar demasiado brusco).

30 de noviembre, 2016

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Qué manía esta de quedarse con los pen drive. Un boli roñoso te lo devuelven, pero un pen drive de 64 gigas te preguntan si se lo pueden quedar. Claro que no. Y mis calzoncillos tampoco. Esa es otra manía, ¿para qué quieres mis calzoncillos? Te dejo el pen drive, pero deja de tirar, por Dios, no van a salir. ¿No ves que tengo los pantalones puestos? Me haces daño. Pues seré un maricón.

23 de noviembre, 2016

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Yo cuando veo a una familia miro al padre, y veo en él a una especie de copia estropeada del hijo, como si le hubiesen echado agua encima y se hubiese convertido en un monstruo viejo y horrendo. Por eso no quiero tener hijos. Y ahora, por favor, dame ese condón. Es mío. Me da igual. Pues veremos ‘Stranger Things’ con protección. Y suelta un poco de manta, joder, que esto aprieta pero no abriga. Se ha caído, claro que se ha caído. Hace frío. ¿De qué va esta serie? Es un poco rara, ¿no? Y desagradable.

16 de noviembre, 2016

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El tipo que conocí el otro día en el Retiro leyó lo que escribí de él. Y me invitó a su casa. Le dije que vale. Que iba a verlo dentro de un mes. ‘Imposible’, me dijo. ‘En quince días me voy a Nueva York. Un día después de conocerte a ti, en el mismo lugar, conocí a la mujer de mi vida, una neoyorkina’. Vale, dije. Entonces voy mañana. Perfecto, dijo. Llegué al número que me dio y llegué puntual. Ya era de noche. Entré y crucé un patio desde el que se escuchaba su guitarra, viniendo desde mucho más lejos que alguno de esos pisos encendidos; venía desde una época más noble y mucho más valiente. Parecía la banda sonora de una amistad que ya había cruzado ese patio en otro tiempo. Ahí estaba yo otra vez, diciendo que sí a extraños, subiendo escaleras frías, golpeando puertas abiertas y entrando en casas ajenas, con cervezas que nadie había pedido, y que yo no bebo, que compro para que nadie piense que soy un cobarde y un sensible. Cerré la puerta y atravesé una nube de humor legal, según la legislación vigente. Yo me había echado Christian Dior, para que nadie pensara que era un violento y un insensible. Mi amigo apareció por el pasillo y me dio un abrazo. Yo le di las cervezas. La música venía de la cocina, y el que tocaba no era él, era otro. Caminamos hasta la cocina, que era de donde salía el humo también, y ese borboteo de café que compensaba la densidad del humo. El que tocaba no me saludó. Mi amigo me alcanzó una banqueta y le pidió la guitarra al que no me saludaba, que se levantó en el acto, con sus dos manos libres, y siguió sin saludarme. Mi amigo se calzó la guitarra y tocó ‘Callejón del muro’, de Paco de Lucía. Cómo toca el pibe. Su novia neoyorkina dormía en alguna parte de la casa, y el que no quería saludarme ahora servía café y miraba el móvil. De pronto estaba viendo y escuchando a Paco de Lucía a un metro de distancia, en la cocina de una casa madrileña que olía a café, a Christian Dior y sobre todo a maría. La música bien tocada llega siempre con regalos. A mí me regaló la idea de que el flamenco es el imperio español de la imaginación. Un imperio amable, en el que se vive en paz, y donde los que parecen vagos tocan diez horas al día o más, para que los que trabajan ocho horas o menos se crucen de acera cuando los ven llegar. Cuando terminó de tocar me dijo: ‘La versión buena es la de Leverkusen’. Yo no tengo tanto oído, pero tengo mal carácter, y me gusta más la versión de Burghausen, que es la que comparto. Es muy parecida a la que escuché ayer, quitándole el olor a café, a maría y a perfume. Lo escuché tocar dos horas. Después nos dimos un abrazo y nos despedimos. Esta vez creo que para siempre. Un placer, maestro. Le dejo la versión de Leverkusen, para que vea que lo escucho cuando toca y también cuando me habla: https://www.youtube.com/watch?v=BdeDWE0qdqI

13 de noviembre, 2016

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Siento unas manos que me tocan y me despierto. Es mi novia, que me dice: «Yo con estas manos escribo obras de teatro y dirijo actores, a ver qué haces tú con esto, maldito cerdo depravado». O sea, que encima…, da igual.

8 de noviembre, 2016

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Quería anunciar oficialmente que no he aprobado el carné de conducir, una vez más. Una cagada, lo sé. Pero me da igual, porque en quince días voy a presentar mi último libro en la Biblioteca Pública de Segovia. Esa biblioteca mágica que nunca es igual, que nunca está en el mismo sitio, que sin duda avanza lentamente hacia algún lugar. Está claro que tendré que ir en tren, y que tendré que esperar la hora de salida en el andén, pero me da igual. Me bajaré en «Segovia-Guiomar», arrastrando mi maletita con ruedas, llena de libros perfumados, y cruzaré los arcos de piedra del acueducto romano con mi mejor cara de estúpido que camina solo y es feliz.

4 de noviembre, 2016

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Yo antes veía fotos de Lindsay Lohan, luego veía fotos de mi novia, y las comparaba. Entonces pensaba: mierda. Pero ahora miro fotos de Lindsay Lohan, miro a mi novia, y pienso: bueno, al final sólo tenía que dejar pasar unos veranos, y seguir preparándole el desayuno a esta princesa hermosa que se levanta y me dice: «A ver cuándo nos parecemos un poco a Ryan Gosling, maldito amasijo de carne desorientada».

3 de noviembre, 2016

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Ayer fui al Retiro y vi a la vendedora de gorros de lana que está en la entrada de Sainz de Baranda. Está siempre en el mismo banco, apenas entras, tejiendo y sin mirar a nadie. Nunca la vi vender nada. Ayer pensé: «Cómo me gustaría decirle que el parque es mejor con ella». Pero no me animé. Dos bancos más allá está el acordeonista ese que toca como el culo, y que no aporta mucho al parque. Ese no me inspira nada. Por la tarde volví y ahí seguía la vendedora, en su banco. Delante de mí un tipo que caminaba con una guitarra y tiraba de un carro con un amplificador le dijo (la señora tejiendo, toda concentrada): «¡Adiós, artista!». La señora levantó la vista y le sonrió. Empecé a seguir al tipo, a ver si era bueno de verdad o era un asesino. Dos bancos más allá el tipo se paró delante del acordeonista que toca como el culo, sacó una moneda y se la dio: «¡Gracias, maestro!», le dijo el acordeonista. «¿Qué cojones haces?», pensé. No tenía sentido. Seguí persiguiéndolo, hasta que se plantó en las escaleras del estanque. Entonces yo me acerqué y le puse una moneda encima del amplificador. Me miró y me dijo: «¿Qué cojones haces?». Le dije que lo había visto todo, que lo había seguido, que sabía que no era un asesino, que era bueno. Me dijo que iba a ser una buena tarde porque la policía estaba toda en el Congreso por lo de la mani. Que lo iban a dejar tocar en paz. «Igual con Carmena –me dijo– ya no dicen nada. Pasan, y como mucho te piden que bajes el volumen. Con Botella me pusieron 24 multas. No he pagado ni una. Que me vengan a buscar si quieren, saben donde vivo». ¿Y de cuánto son las multa? «Eso depende de cómo les caigas al poli, van desde los 100 € hasta los 300 €». Me dijo que me quedara a escucharlo. Yo tenía ganas, la verdad, pero llegaba tarde a la manifestación. «Vale, pero ten cuidado, hoy van a repartir. Cuídate mucho». Nos dimos la mano y prometimos volver a vernos. Habría podido decir: «En el Retiro hay un hombre bueno», en lugar de tanta historia. Pero no habría sido lo mismo. Habría sido una conclusión sin argumentos, como la votación de ayer en el Congreso.

30 de octubre, 2016

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Es muy incómodo tomarse una copa en un bar en el que de pronto hay tres personas con las que te has acostado. Sobre todo si esas tres personas son tu novia y tus padres, que insisten en contar que cuando eras chico te meabas la cara a ti mismo. Luego dicen que eras adorable. Sí, claro. Que os den por el culo. Tenía sed, ¿vale?

25 de octubre, 2016

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He estado trabajando mucho estos días, parando apenas para ducharme, despejarme un poco y luego seguir un rato más. Uno de estos días –llevaba dieciséis horas trabajando y ya me había duchado– pensé: «Si escucho una canción, tal vez pueda trabajar una hora más». Era muy tarde y no quería molestar a nadie, así que busqué mis auriculares. Yo esperaba que estuviesen a cinco kilómetros de casa, así tenía que salir a la calle, ver los coches estacionados, los semáforos cambiando para nadie. Estaban sobre el escritorio, los auriculares. Ni siquiera tuve que levantar el culo de la silla para ponérmelos. Qué bien suenan estos auriculares. Y qué bien toca Bill Evans. Sobre todo cuando no está drogado ni se arrastra por el salón de casa pidiéndome por favor que le pegue un tiro, «pero después –creo que dice– no dejes de escribir por mí». Tipo considerado este Bill Evans. Bueno, primero la canción y luego el tiro. Un trato es un trato.

18 de octubre, 2016

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Con mi novia nos inventamos un juego. Lo llamamos La Ruleta Loca. Marcamos –cada uno desde su teléfono– un número al azar, y lo guardamos. Entonces abrimos el wasap y vemos la foto de la persona que nos ha tocado. Lo siguiente es lo mejor: quedamos con esa persona y la primera noche nos la llevamos a la cama. Al día siguiente nos reencontramos con mi novia, nos tomamos un té en casa y nos echamos unas risas contándonos lo malos que somos en la cama la primera noche. Sobre todo los hombres. «Sobre todo tú», dice mi novia. Jugamos a La Ruleta Loca porque no podemos estar todo el día hablando de letras. También nos gusta dedicarle un tiempo a los números, al azar, a besar y a gozar con los desconocidos. Los desconocidos tienen sentimientos. A esto quería llegar: si alguien ve a mi vecina que le diga que yo tengo sentimientos, y también necesitaría su teléfono. Mi novia últimamente está teniendo demasiada suerte con los números, y a mí tomar té con ella me encanta, pero que me muestre fotos de esas trompetas enormes de cuero escurridizo me hace mal, me hace sentir pequeño. Ella se ríe: «Afortunada en el juego –dice–, perforada en el amor». Acompaña la frase con gestos y hace ruidos cuando sorbe té. Esto es lo que más me jode. Qué horror. Hace ruidos cuando sorbe té.

30 de septiembre, 2016

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–¿Alguna vez algún hombre se te ha resistido?

–Nunca.

–Pues hoy te voy a dar el placer de decirte que no a todo.

–Vale. ¿Te importa si te meto la mano por aquí?

–Ah, por eso no se te resisten. Porque haces trampa.

28 de septiembre, 2016

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Visto casi tan mal como la reina de Inglaterra. Pero gasto muchísimo menos en ropa. Y nunca nadie ha invadido un país en mi nombre. Al menos que yo sepa.

27 de septiembre 2016

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Hice un test de inteligencia y justo encima de la puntuación ponía: «BUEN TRABAJO», en Comic Sans. Se me fueron las ganas de ver mi puntuación. Y además… déjame. Soy listo para otras cosas.

26 de septiembre, 2016

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Yo estuve en Meetic un año, más o menos. Aquello me pareció tan extraño que tuve que escribir un libro para entender lo que me habían hecho. En Meetic todas las mujeres buscaban a un hombre sensible. Todas amaban las pequeñas cosas de la vida. Todas eran simpáticas, y todas querían viajar a ciudades lejanas para perderse en callecitas. Casi la mitad de ellas ponía en su descripción «Carpe diem». Y la mitad de esa mitad sólo ponía «Carpe diem». Evidentemente amaban la poesía. Es una pena que estando tan cerca la presentación de «El viento sobre el agua» de Santos Domínguez, yo ya no esté en Meetic. Pero también es una suerte que de entre todas aquellas mujeres fabulosas yo encontrase a una que realmente amaba –y ama– la poesía. Pequeña: busca la pamela de flores, que yo busco mi pipa y mi tabaco. Nos vamos a la presentación de un poeta ilustre.

22 de septiembre, 2016

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No puedo retener en mi memoria los momentos importantes de mi vida. Los busco, igual que un ciego busca la bañera y se sumerge en un agua que no ve. A veces soy ese ciego, sumergido en algún mar, pero ni con los ojos abiertos soy capaz de ver algo de este mundo sumergido en mi ceguera. Al volver al hotel saco la cabeza por la ventana del coche y siento el viento húmedo en la cara. Pero lo que yo quería ver se ha quedado atrás hace muchos años, perdido y muerto en esta mente mía que tiene poca memoria y muchísimo cementerio. Es terrible, pero si alguien lo explica bien, esa misma tristeza vuelve a nosotros para curarnos: http://trianarts.com/santos-dominguez-persistencia-del-humo/#sthash.ytKb8PQk.dpbs

21 de septiembre, 2016

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Si le preguntas a las chicas de cuentas te dicen que para hablar de ropa el director de arte, para mensajearse el redactor, para irse de vacaciones el producer, para casarse el dueño de la agencia, en la cama al modelo del spot, y para vivir la casa del realizador. Para los creativos es más fácil: queremos una chica de cuentas.

19 de septiembre, 2016

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Tampoco hay que olvidar –me dijo– que el tango, el jazz y el flamenco fueron formas muy rudimentarias de música en sus orígenes, que luego evolucionaron hacia formas más sofisticadas. Te lo digo –y me llamó la atención porque yo me estaba mirando los pies– por el reguetón y por la cumbia, que ahora dices que no te gustan, pero mañana quién sabe. Los científicos que tanto admiras –y levantó la voz porque yo ponía cara de asco– fueron primates hasta hace nada. Me iba a gritar pero le dije bueno, lo que tú digas, pero quítame al mono este, por favor, que me está frotando el pene contra la rodilla, y me da muchísimo asco. Cuando este mono excitado me cuente la teoría de cuerdas y las ondas gravitacionales te juro que le doy un abrazo y una banana si tiene hambre, pero en este preciso momento de su evolución, el mono, la cumbia y el reguetón, los quiero lejos de mí y de mis rodillas. Todo esto dicho con un té de canela en la mano, en la Biblioteca Nacional, con una foto del Rey de España vigilando el salón, la inteligencia y la conspiración.

16 de septiembre, 2016

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‘El Principito’ es uno de esos libros que fue originariamente escrito para niños, y terminó siendo para estúpidos. Perdón, me he despertado vestido en la pista de baile de un bar y he empezado el día de mal humor.

14 de septiembre, 2016

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Un publicista es capaz de arruinarte el día con una puta frase. Es un talento de mierda, sin duda. Pero los Borbones tampoco son mucho más talentosos, y ahí siguen.

12 de septiembre 2016

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Hay jefes tan hijos de puta, tan cerdos, tan machistas, que se creen que por ser jefes tienen derecho a hacerle bromas a la becaria de turno, a mirarle las piernas, a llamar a otros jefes delante de ella para que entre todos le miren bien las piernas; luego invitarla a cenar, invitarla a Turín a pasar una semana juntos, lejos de su esposa, y por supuesto, ponerle mala cara si la becaria no come con él, y enfadarse si cena con otro. Esto es muy grave y entre todos tenemos que identificar y detener estos abusos. Cuando le pasa a un hombre es menos grave, porque ya se sabe, los hombres somos insensibles por naturaleza; la vida nos importa menos. Hoy es el aniversario de mi despido, de cuando tenía que aguantar que comentaran la camisa que me ponía o me dejaba de poner, de que comentasen delante de otra jefa que se notaba que estaba yendo al gimnasio, mi aniversario de cuando me invitaban a cenar, de cuando me invitaban a Turín a pasar una semana juntos; mi aniversario de cuando me ponían mala cara si comía con otra persona y se enfadaba si no cenaba con ella, y de que finalmente me alejase de todos mis proyectos y me echase a la calle. Supongo que siendo hombre la cosa es menos grave. Me lo habré buscado, por ir ahí mostrando mis piernas de zorrito trepador.

9 de septiembre 2016

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Tomé la costumbre de levantar el interfono de buen humor, y cuando me dicen «Cartero del banco», o «Cartero comercial», o «Yo», les hago una broma. Al del banco le pregunto si trae buenas noticias (se ríe el hombre), al cartero comercial le pregunto si los anuncios que nos trae son lindos, y si alguien dice «Yo», simplemente le abro, y horas después, mientras me ducho, pienso: «¿’Yo’ qué, la reputa madre que te parió?». El problema es que ahora suelen tocarme el timbre a mí –y sólo a mí–, para que los entretenga, los muy hijos de puta. Me tocan el timbre a cualquier hora. De madrugada si hace falta. Ayer una chica, muy borracha, me preguntó si tenía ganas de comerme uno peludo. Mi novia sostenía el interfono y yo intenté explicarle, pero se fue de casa, y yo pensando: «Uno peludo, ¿qué?». Grité por el interfono, a ver si alguna de las dos tenía ganas de dormir conmigo. Dormir solo me da miedo. Nunca falta alguien que me toca el timbre y me respira fuerte.

7 de septiembre, 2016

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Si yo fuera gay –uno de esos gays hermosos y bien vestidos, que se entienden tan bien con las mujeres– y me encontrase a un homófobo le diría, antes de que abra la boca: «Podría follarme a tu mujer, venga, ¿qué me ibas a decir?».

5 de septiembre, 2016

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Tenéis que leer mi libro. Es mejor persona que yo.

2 de septiembre, 2016

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A modo de resumen, me gustaría decir que no he visto en todo el verano nada más explícitamente sexual que las pistolas de agua. Padres que compráis pistolas de agua a vuestros hijos, luego no miréis para otro lado cuando vuestro pequeño le vacía el cargador en la boca a esas pobres niñas que no se metían con nadie. Niñas de veinticinco años, que nunca habían visto pistolas de agua tan grandes y tan rojas, tan cerca de sus lenguas y de sus manos, tan duras, que servían incluso para dibujar corazones en la arena, y disparaban tan lejos, y de forma tan imprecisa e irregular, que se necesitaban dos manos para sostenerlas y apuntar como es debido, y abultaban tanto en el bañador, y luego los niños gritaban cuando disparaban y acertaban, y los padres ahí mirando, bebiendo alcohol, leyendo el Marca, en fin. Quería dejar por escrito mi resumen del verano.

31 de agosto, 2016

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Creo en la reencarnación. Concretamente en la reencarnación en Madrid. Y más concretamente en la reencarnación de los madrileños en los vagones del Metro de Madrid. Ayer una señora atravesó un vagón lleno de gente para agarrarse a una barra muy concreta y preguntarle: «¿Antonio?».

29 de agosto, 2016

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Los de Facebook están pirados. Me proponen que cambie de nombre. El mío les parece demasiado común. No saben que llevo casi cuarenta años deletreando este nombre, levantando la voz, gesticulando como si hablase en chino, amenazando a señoras muy educadas, golpeando mesas, pateando mostradores y tirando sillas por la ventana, para que después me digan: «tranquilo, Telson», «tranquilo Wilson», o el que más me gusta: «tranquilo, Marcelo». Me encontré la sugerencia de Facebook ayer, al salir de la biblioteca, donde una de las señoras que me conoce me saludó muy amablemente: «Adiós, Néstor». Tal vez debería cambiarme el nombre.

25 de agosto, 2016

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Volví de vacaciones, entré a casa y miré la hora: tal hora. Al rato volví a mirar, porque es cierto que miré el teléfono, pero no entendí una mierda. Volví a sacar el teléfono del bolsillo y casi me mareo del esfuerzo. Di algunas vueltas por casa, para despejarme un poco, preguntándome qué hora sería. Miré de nuevo y vi cuatro números diferentes e incomprensibles. No sé ni para qué quería saber yo la hora. Estaba lo que se dice «relajado», «como nuevo», «de puta madre», incluso bronceado, y puede que un poco panzón. Estaba –y esto es lo que intentaba decir– como para que alguien viniera y me pegase un tiro en el pecho. Ahora estoy de pie, mirando el número de mi portal; no sé qué número es este. Si alguien sabe dónde carajo vivo, por favor, que se acerque y me meta una hostia. Volví a esta casa de memoria, como un caballo gordo que se ha escapado porque sabe que ya no sirve para correr, pero igualmente vuelve, para recibir el disparo en el pecho y para sentir el cuerpo frío contra el suelo final. Si sobrevivo a esta ordalía, va a ser el mejor año de mi vida, porque, para empezar, tengo que levantarme del suelo y devolver un libro de Vila-Matas. ¿Este hombre no tiene amigos que sepan dónde carajo vive? Que alguien le diga la triste verdad a este caballo gordo que huye hacia ninguna parte.

23 de agosto, 2016

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España. En cualquier lugar del mundo que uno diga tu nombre, siempre hay alguien que se cree el dueño de tu cuerpo y de tu historia. Siempre hay alguien diciendo que te conoce entera, siempre hay alguien que te insulta o te empobrece diciendo que tienes los ojos negros, el corazón maldito y un culo lindo dividido entre dos mulas viejas. España de talentos internacionales, que aquí piden perdón por ser demasiado buenos. España de estólidos que primero roban, luego matan y después rezan en tu nombre y en el mío. España de dioses de madera, si algún día te encuentro, no diré ni una palabra. Te abrazaré como se abraza a una madre grande que duerme y no despierta.

22 de junio, 2016

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«Eso está ahí –me dijo– desde antes de que nos encontrásemos al Papa borracho en el jardín, lo despertásemos con la manguera, le cortásemos las uñas de los pies y lo enviáramos de vuelta al Vaticano, en la caja de cartón en la que venía el sofá ese en el que ahora estás sentado, maldito hippie rencoroso». Así responde mi novia cuando le pregunto si hay un hombre en la cocina.

13 de junio, 2016

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Al principio nuestros héroes del fútbol eran ignorantes, pero los perdonamos, porque la cultura no era lo suyo. Después se convirtieron en evasores fiscales. También los perdonamos, porque las finanzas tampoco eran lo suyo. Ahora nuestros héroes son ignorantes, evasores fiscales, proxenetas, violadores y corruptores de menores. Los vamos a perdonar también, porque aguantarse las ganas-de-violar-a-una-mujer tampoco es lo suyo. Y además, saben patear tanto con la derecha como con la izquierda. Son genios. A este paso pronto veremos jugar a Henry Kissinger contra Satanás, y los aplaudiremos. Ya encontraremos la forma de justificar sus fechorías. Los aplaudiremos y hablaremos bien de ellos, con una cerveza tibia en nuestras manos. El día que eso pase, al menos las conversaciones en los bares volverán a tener algún sentido.

Junio, 2016

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En el Retiro vi a una niña masticando caca de perro. Pensé que no podía haber nada más asqueroso en el mundo. Hasta que volví a casa y me metí en Linkedin.

Junio, 2016

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«¿Cómo escribes?», me preguntó una amiga. Entonces yo le conté: cierras los puños y los pones encima del teclado. Entonces imagina –pon los puños encima del teclado, cariño, gracias– imagina que del puño izquierdo sale una pequeña manivela invisible. Gira la manivela invisible con la mano derecha, a la vez que despliegas lentamente el dedo índice de la mano izquierda. Ahora vuelve a cerrar la mano derecha. (El dedo índice de la mano izquierda debería estar apuntando a la pantalla y la mano derecha debería estar cerrada). Ahora introduce el dedo índice izquierdo en el orificio que se forma en el puño derecho. Si no entra, escúpelo. No debes forzarlo, debe entrar de a poco y debe ser placentero para todos. Una vez consigas introducir el dedo hasta el fondo dale un beso al puño, verás cómo el cabrón despliega su dedo índice también. Eso es que le ha gustado. Muy bien. Ahora saca el índice izquierdo lentamente. Huélelo y di: «mmm…». Tienes ambos índices desplegados y apuntando a la pantalla. En este momento tienes una posición privilegiada respecto al mundo y a tu teclado. Ahora sólo te falta tener una idea y contarla como Dios manda. Así se escribe. Es como hacer el amor, sólo que mucho más lento y sin escándalos. Y luego no tienes que esconderte de maridos ni de novios. Esa gente mezquina que odia la literatura.

Junio, 2016

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Me gusta escupir el hueso de la aceituna contra la frente de mi novia, para que ella me insulte y me diga «ahora vas a ver». Pero yo no lo hago con mala intensión, lo hago porque me gusta conmover a la persona que tengo delante. El otro día vi «El olivo» y espero, aunque no tenga aceitunas delante, qué difícil, creo que no voy a poder. Estoy intentando decir que me gustó mucho sin ponerme a llorar de nuevo.

8 de junio, 2016

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Suena el telefonillo a las 8:05h. Dejo de escribir y atiendo:

–¿Sí?

–Hola, pregunto por el señor José Luis F., le traigo información del juzgado.

–Muy bien, ¿pero dónde vive ese señor?

–En el 5º 1.

–Este es el 3º 1.

–Oh, lo siento mucho.

–No pasa nada.

–Le juro que he tocado el 5º.

–Toque el 3º entonces, seguro suena el 5º.

Hubo un silencio. La señora entonces dijo algo que no quiero repetir. Volví a mi mesa de mal humor. Se equivocan, te interrumpen, luego mienten para no reconocer que son estúpidos, y cuando les haces una broma se ofenden. Esta gente del juzgado, por una vez que alguien los juzga a ellos, deberían tomarse las cosas con humor. Después de todo, la estupidez hoy tiene buena prensa.

Junio, 2016

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Una amiga me dijo: «Esas cosas que escribes en Facebook no se entienden». Yo necesitaría un botón menos ambicioso que el Me gusta. Necesitaría uno que pusiera simplemente «Lo entiendo». Yo con eso ya estaría contento. Diría, todo orgulloso: «Hoy he llegado a 10 Lo entiendo».

Junio, 2016

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Teníamos hambre, pero apenas buscábamos comida. Llamamos a un cazador y le dimos permiso para cazar en nuestras tierras; que nos trajera comida y que a cambio se quedara él con una parte. El tipo apareció con un perro fiero y nos empezó a traer presas de todos los tamaños; así descubrimos que había mucho por cazar. La cosa funcionó bien al principio. Comimos carne de la buena. Hasta que el perro mató al amo, se escapó y empezó a cazar sólo para él. Descuartizaba lo que encontraba por el camino, meaba en la puerta de nuestras casas y se cagaba en nuestras flores. Tuvimos miedo de que nos descuartizara uno por uno, que se meara en nuestras tumbas, y yo creo que él sintió ese miedo, porque sin hablar, sin discutir siquiera, se impuso un nuevo régimen: teníamos que cazar nosotros para él, en nuestras tierras, y él a cambio nos dejaba vivir con lo mínimo para no morir de hambre. La vida ha empeorado mucho, pero damos las gracias a Dios de estar vivos y de poder disfrutar cada día de este capitalismo que anda suelto, que es salvaje, y que en el fondo no es más que un perro.

Junio, 2016

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Estoy tan orgulloso de mi Word. Escribo Schrödinger y no pasa nada. Pero escribo Guardiola y me lo marca como error. Schrödinger es amigo de la casa. El otro seguimos sin entender qué hizo. Algo similar ocurre en Google cuando busco «el gato de Guardiola».

30 de mayo, 2016

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A pesar de los papeles de Panamá, de las cuentas de Cebrián y de la manipulación periodística, yo creo que El País sigue siendo un diario de referencia. Lo que no digo es referencia de qué. Porque el día de mañana igual me hacen una entrevista preguntándome cómo veo yo la ética en el panorama intelectual, y si descubren –o alguien les dice– que yo hablo mal de ellos igual no me hacen la entrevista. Así que mejor me echo otro disparo de Chanel, revuelvo mi té de manzana y canela y sigo valorando mi opinión acerca de la ética en el panorama intelectual.

Mayo, 2016

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¿Quién hubiera dicho que la puerta del Infierno era diminuta, era de carne tierna y estaba coronada con un tira muy fina de vello púbico? En mi defensa diré que eso no parecía una puerta. Parecía otra cosa.

Mayo, 2016

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Buenas noticias. En realidad no. Pero me gustaría hablar de mi vecina, que de alguna manera es una buena noticia. Me gustaría darle las gracias por darme cada mañana un susto desde dentro de mi corazón, por hacerme sentir al mundo entero respirando contra mi pecho. Lo digo abiertamente porque mi novia apenas se mete en Facebook. Simplemente me pregunta por la noche: «¿Te has portado bien hoy?». Y yo le digo: «Sí».

20 de mayo, 2016

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No soy nativo digital. Lo descubrió mi novia el otro día. Me preguntó por qué me perfumaba antes de escribir un post. Y que no sonriera, sobre todo que no sonriera. Está furiosa. ¿Qué culpa tengo, si me gusta escribir perfumado y sonreír? Y ser anciano.

Mayo, 2016

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Yo soy la repetición malograda de mis antepasados. Pero no me desanimo. Pienso hacer algo grande algún día. Pienso en la griega que se despertó e inventó la metáfora, en la isla de Samos, a primera hora de la mañana (traducido por Julio Cortázar): «Che, gordo, ¿tengo el culo caído? No me mientas, no seas pelotudo». Luego la mujer, poco a poco, habrá ido alcanzando el conjuro metafórico, y por fin habrá clamado el arquetipo al oráculo y a los dioses: «Mi culo es como un jarrón etrusco». Mañana cuando me levante y me mire el culo en el espejo voy a ver si invento algo grandioso yo también, como la metáfora, que no cuesta dinero. Sólo hay que pensar. Hay que mirar culos y pensar. Ahí está la clave de la belleza y de la eternidad: en la detenida observación de un culo.

Mayo, 2016

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Yo nunca he tenido perro. Pero, ya sea por empatía, o por ganas de acostarme con la dueña de alguno, he sentido una especie de cariño hacia esas bestias peludas, esos gatos sin garbo, esos muebles inútiles, blandos y movedizos. También he sentido la frustración de las propietarias cuando les dicen «SIT» y el perro no hace caso. Ayer una amiga me llevó a dar una vuelta en coche y le di las gracias por alejarme de mi rutina luctuosa. Entonces vi la misma cara tierna de animal peludo que no entiende lo que le están diciendo. Sentí la misma frustración que ella cuando le habla a su perro, y cuando salí de mi asombro empecé a mascar chicle con la boca abierta. Eso le gustó mucho y nos unió de una forma salvaje.

Mayo, 2016

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Ayer una mujer me preguntó:

-¿La calle Juan de Esplandiú?

No fue muy emocionante. Pero detrás de ella venía un chico que me preguntó:

-¿Eres gay?

-No.

-Pues podrías serlo.

Me pareció una falta de respeto total. Me recogí la falda, sujeté mis discos de Bowie, mi ejemplar de El País, mi iPhone 7, mi café del Starbucks y me fui corriendo.

9 de mayo, 2016

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«3 consejos para convertirte en un líder de éxito», escrito por un desgraciado al que ni su madre le atiende el teléfono. Tampoco pasa nada. Quizás está en un salón de masaje cubano. Llámala después. Claro que te lo cuento. Tienes que saberlo. El otro día la vi salir. Y estaba muy contenta. Caminaba despacio, pero se la veía contenta.

8 de mayo, 2016

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No me gustan las generalizaciones. Cuando alguien empieza diciendo: «La sociedad es…» yo pienso «…chupame la…» y dejo que alguien más educado que yo termine la frase.

6 de mayo, 2016

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Lo que tenía que hacer ayer era muy fácil: salir de casa y caminar para la derecha. Pero vi a una chica que pasaba para la izquierda y la seguí, total. Yo vivo al pedo. La seguí hasta que la perdí de vista. De pronto vi que estaba en un pueblo de Toledo. Era de noche y hacía frío; yo tenía el pelo largo, todo canoso, sabía conducir y hablar francés. No sé cuántos años pasaron desde que salí de casa, ni qué pasó con la mujer esta que digo. Pero debe haber sido muy importante en mi vida, porque no me acuerdo nada.

5 de mayo, 2016

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Uno a veces se levanta con un sentimiento que lo hace único, que lo hace especial. Es un sentimiento auténtico, que empuja desde dentro, que quiere salir y que de alguna manera nos tortura y no nos deja pensar en ninguna otra cosa. Entonces uno entra al baño, al rato sale silbando, echa un poco de ambientador si hace falta, y listo, adiós al sentimiento único que nos hacía especiales.

3 de mayo, 2016

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Estábamos en un festival, no sé dónde era esto, ni quién tocaba. Una chica me decía que odiaba las guerras porque no las hacían por ningún motivo justo, las hacían por puro negocio, para probar armas nuevas con desgraciados y luego venderlas. Me preguntó si quería y vi que tenía unas pastillas. «¿Qué es?», le pregunté. «No sé –me dijo–, es nuevo, ¿quieres probar?».

2 de mayo, 2016

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Hay tantos escritores, y tantas páginas que nos animan a escribir, no. Debería haber páginas que nos desanimaran. Que nos dijeran, para empezar, que escribir es malo para la vista. Después: escribir te quita tiempo para querer a las personas. Escribir es muy difícil, porque primero hay que pensar y después hay que contar las sílabas. Más cosas: no se puede usar a la flamenca, y la carita sonriente que saca la lengua no es una metáfora, maldito estúpido. Y lo peor: escribir pone de mal humor. A mí no, pero porque yo soy otra cosa. Soy un hombre muy sonriente y muy simpático. ¿Adorable? Tal vez.

28 de abril, 2016

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Estoy escribiendo un libro muy malo. Por favor, que alguien me llame o le dé a Me gusta, así puedo mirar su nombre y distraerme un poco, decir: qué gran persona esta, qué buenos recuerdos tenemos juntos. Y los que podríamos tener, si yo fuese Adriana Lima.

25 de abril, 2016

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Todos los hombres hemos sido, por lo menos una vez en la vida, víctimas de un eufemismo: «Hacer la siesta». Por favor. Eso no es hacer la siesta, querida.

Abril, 2016

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Luego del éxito de ventas de mi primer libro (10 ejemplares), llega el segundo libro, con el mismo mecenas, el mismo diseñador de portada, la misma emoción y la misma predicción de ventas. Hoy a las 19:30h en Panta Rhei. C/Hernán Cortés, 7.

Abril, 2016

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Acabo de ver que han vencido los plazos de seis concursos literarios. ¿He ganado alguno? No. ¿He quedado finalista de alguno? No. Eran buenos concursos. No salían los nombres de los jueces. Ni qué cojones habían escrito para juzgarme a mí. Estoy bien, estoy bien. No he terminado, joder, trae esa puta copa aquí. ¿No es una copa? ¿Y qué es? ¿Un zapato? Pues huele a ron.

Abril, 2016

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Gente que vive en Madrid, gente que sabe de atardeceres, que primero sonríe y luego dice «tal vez», gente que el viernes por la noche saca a pasear su culito lindo y perfumado por las calles reconquistadas de Malasaña, tengo algo que deciros: presento un libro hermoso y me gustaría veros a todos. Panta Rhei se llama la librería donde voy a estar, y es una maravilla, porque está llena de libros de arte y de fotografía y de libreras que saben de lo que hablan y hay un perro. Viernes 15 de abril a las 19:30h. Será algo rápido, como saber que tu vida es menos emocionante que la vida del rey de los elefantes acribillados, pero mucho más digna. Después nos vamos a un bar, para que nos pregunten qué te pongo, cara bonita, insinuación de mis perversiones, dársena de mis esperanzas y anticipación de mis infortunios. Agua con gas no tenemos. Pues entonces una cerveza, pero no me toques. Bueno, un poquito, pero ahí no, que me gusta.

Abril, 2016

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No p`uedo habrir el archivo ,opr fav enviamelp de nuebo ,joder . ya bamos mal de tuempo otru vez. (Estas cosas ocurren porque la gente está enganchada a juegos muy tontos y contesta mails con la cara y con la lengua. No lo digo como una queja. Al revés. Es prodigioso que no nos vaya peor).

Abril, 2016

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He buscado «verbenero» en el diccionario, sólo para ver el ejemplo. Ponía: «organillo verbenero». Por favor. ¿Qué les costaba?

11 de abril, 2016

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El día que los hipsters se afeiten, se quiten las gafas, la gorra, y sus novias los vean por primera vez, igual tenemos un problema.

Abril, 2016

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Si hablo por teléfono todo bien, pero si hablo por Skype, la gente me cuelga. Me dejan siempre con una palabra tierna en la boca. Yo creo que es culpa de la cámara. Aunque si le pregunto a la cámara ella dice que no, que la culpa es de mi cara.

Abril, 2016

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Estaba viendo una de esas películas, y en un momento he tenido que tirar para atrás; no entendía de dónde salía toda esa gente, y cómo era que había tanta confianza, y por qué sólo llevaban los calcetines. ¿Las están haciendo más complicadas, o es que simplemente a veces ni lo mejor de la vida me interesa?

Marzo, 2016

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Me gustan los amigos artistas. Ayer cenamos juntos en casa de uno y cambiamos un libro por un disco, una foto por un poema, y después estaba el dueño de casa, que nos cocinó hamburguesas. El fotógrafo le dijo: «vos sos peor que nosotros, porque la comida no trasciende, todo esto se va a convertir en mierda, literalmente, mierda flotando en un río». «Y lo tuyo también va a acabar flotando en el río», le dijo el cocinero, «porque lo que vos hacés es otra mierda», y agarró sus fotos y las tiró por la ventana. Si hubiese pasado un río por abajo, la escena le habría quedado genial, pero había un jardín. No dije nada. Pensé: no vaya a ser que el cocinero se enoje. Las hamburguesas estaban tremendas.

Marzo, 2016

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Un escritor cree que libra la batalla contra los demás escritores; cree que, lector por lector, su libro avanza, su fama avanza. Pero un lector también va al cine. Así que el escritor compite contra otros escritores y también contra miles de películas y cortos. Compite también contra toda la pornografía, contra todas las obras de teatro y contra todos los cursos de inglés de verano. El escritor en realidad lucha por el tiempo del lector, así que lucha también (y pierde) contra unos cordones que se desatan, lucha contra una tarde tonta en el sofá, contra un domingo santo, contra un domingo de elecciones, contra un mail que se nos atraganta, contra el Museo del Prado, contra un jueves de whisky, hielo y aceitunas. Así que el whisky, con su hielo y sus aceitunas, el Museo del Prado, el teatro y la pornografía miran al escritor con pena, se sacan el cigarro de la boca y le tiran el humo a la cara. Y todo el mundo sabe lo que eso significa.

Marzo, 2016

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He oído tantas veces eso de que una mujer para sentirse realizada tiene que tener hijos, que he pensado el equivalente para un hombre. Una vez alguien dijo: «Hacer un trío». Si eso es verdad, entonces yo puedo sentirme realizado. No sé si me explico. En realidad mi novia, que estuvo con dos colegas de la uni, así en plan buen rollo, me dijo, y la verdad, no sé si hay que creer tanto en estos tópicos de realización personal. Me hizo esperar en el salón mientras ella y los otros dos salvajes se realizaban personalmente. Puse la tele al máximo para no escucharlos, con tan mala suerte que salió un anuncio que escribí hace años, asqueroso, irritante, y encima a los gritos. Tuve que elegir entre ser un redactor mediocre o un cornudo presencial.

Marzo, 2016

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Se lo conté así, tal cual: «Estaba tan tranquilamente probándome opciones de calzoncillos, cuando me llamó y me dijo que estaba abajo, si la invitaba a subir. Entonces subió, le pedí su opinión, y bueno. Por eso la casa huele a tabaco». Primero se quedó callada. Después me dijo: «Eres un cabrón hijo de la gran puta». Hay gente que con lo del tabaco se ha vuelto un poco nazi, me parece.

Marzo, 2016

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«10 lugares que has de visitar antes de morir». Entonces el puesto nº 3 lo ocupa la cama de mi hermanita. La familia brindando por ella hasta que han empezado a golpear la puerta y eran unos tipos sin pantalones. Estos anuncios funcionan muy bien. Y apenas parecen anuncios.

Marzo, 2016

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Con todos los tiempos verbales que tenemos en español, ¿por qué la vecina siempre tiene que elegir el presente para romperme las pelotas?

Marzo, 2016

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Hace tres días que no hablo con nadie. Me acabo de morder la lengua y al insultar he recordado que era argentino. De pronto la lengua mordida no me ha parecido tan grave.

Marzo, 2016

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Deberían hacernos una prueba antes de votar: un poco de historia, de política, preguntas sobre los programas electorales de los partidos, los nombres de algunos ministros, los números de su gestión. El que no contesta bien no puede votar. Una especie de control de alcoholemia, para que no se estrelle un país entero por culpa de unos pocos irresponsables. Ya puedo oír a más de uno decir que esto es antidemocrático. Queréis dejar a los estúpidos fuera del sistema. Para nada. Queremos… bueno, sí. Pero a cambio prometemos seguir pagando impuestos para que sigan bebiendo y conduciendo y despertándose vivos en hospitales públicos.

Marzo, 2016

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Ayer empezó a sonar algo en casa. Ni idea de lo que podía ser. Mi casa es muy silenciosa. Empecé a buscar y me dio la sensación –lo que voy a decir es raro– que el ruido salía de mi teléfono. Lo miré. Rarísimo. Vibraba. Por seguir la broma dije hola, y me reí. Seguía sonando y vibrando. Después paró. Un espectáculo. Después se puso a sonar de nuevo y seguí las instrucciones de la pantalla, eso de darle con el dedito para un lado. Dije hola y ahí sí. Alguien del otro lado. Impresionante. Me dijo que una obrita mía de teatro había sido seleccionada y la iban a dar en abril, en mi teatro favorito. Impresionante, esto del teléfono. Bueno, es una obra de teatro en miniatura, dura quince minutos. Pero es una súper noticia, y encima por teléfono. Ni siquiera se va a dar en un escenario, se va a dar en el baño del teatro. En fin. Esto del teatro y del teléfono son dos cosas increíbles. Dos maravillas descubiertas, las descubrí yo mismo. Voy a cristianizarlas. Y si no quieren, pues las aniquilo. Si alguien opina diferente que lo diga, vivimos en libertad, pero que sepa que voy a acusarlo, a encarcelarlo, matarlo, tirarlo a una fosa común y luego obligaré a toda su familia a pagar impuestos para que mantengan a mi obra de teatro. Digamos, diez mil millones de euros al año, de dinero público. Y si alguien piensa de otra manera –pero vivimos en libertad– le espera un infierno eterno de tortura física –viva la libertad–, aunque no abra la boca, me da igual, sólo por pensarlo, sólo por oponerse a mi obra de teatro y a mi perfecta sensibilidad. Me ofenden. Todo me ofende. Todo el mundo en silencio –y sin pensar– para que yo no me ofenda. Pagar sí, opinar no. Por cierto, la entrada vale 3 €. Es mucho menos de lo que pagas al año a la Iglesia. Para que después digan que no veo el lado positivo de las cosas.

Marzo, 2016

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Muy buenas. Estoy preparando la presentación de mi último libro. ¿Qué día os va bien a todos?

Marzo, 2016

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Yo tengo buenas ideas. Pero una cada tres años. El domingo se me ocurrió decirle a mi novia que fuésemos a patinar al Retiro. Un frío. Después encima se largó a llover. Un tipo me dijo «bonitos rollers». Le dije se llaman patines, imbécil. Y me fui a toda velocidad, que no era mucha porque las ruedas de mis patines son pequeñitas. Me alcanzó caminando. Le pedí perdón. Le dije que cada tres años tenía una buena idea, pero que desde la última buena idea no había pasado ni un año. Patinar por el Retiro a 2º C fue una estupidez. Hoy he visto que hacía 3º C, así que he salido de nuevo. Vengo de ahí. No puedo ni quitarme las zapatillas del dolor. La próxima voy directamente a donar sangre, así al menos alguien aprovecha el medio litro que debo haber dejado repartido entre calles, árboles y escaleras. Lo único bueno de todo estos es que he descubierto que no es tan terrible escribir con un solo dedo.

Marzo, 2016

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Visto en la puerta del cuartel de la calle Prim. Un soldado con una ametralladora paró a un coche que pretendía entrar y le preguntó si no tenía la cita impresa. Se lo preguntó tan amablemente que simpaticé con el soldado. Y pensé: si en lugar de una ametralladora le hubiésemos dado un lápiz, ahora tal vez tendríamos un poeta. Con lo baratos que son los lápices y lo lejos que llegan los poemas, sin tener que agujerear a nadie.

Marzo, 2016

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Un colega me añade en Linkedin y me dice tío, qué grandes recuerdos tengo de ti, cuéntame qué tal te va. Entonces le cuento que me despidieron (y a partir de aquí ya no le importa nada, aunque le hable de corazón, le escriba un mail largo y bonito, con metáforas y aliteraciones, con metonimias y solecismos, para que vea que es un texto sincero, espontáneo y valiente, da igual, soy un vomito asqueroso sin trabajo que no vale nada y apesta. Me pregunto por qué Facebook no compra Linkedin de una vez por todas y hace una fiesta salvaje en sus oficinas y luego las prende fuego o se las deja a profesores de literatura para que me expliquen una vez más eso de que las frases subordinadas son odiosas y las parentéticas ni te cuento).

Febrero, 2016

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Una niña da vueltas en bicicleta por el jardín, con el frío que hace, con lo oscuro que está. Es la niña salvaje que invoca la luz y los días largos, el perfume de las raíces, los besos, las ventanas abiertas, las tazas de café de ayer. Da vueltas como si pudiera alegrarle el alma a un hombre canoso que en algún verano futuro escuchará a Paco de Lucía y pensará de dónde sale toda esta belleza, toda esta luz, todo este perfume y estos besos. Si alguien encuentra a la niña salvaje que le dé las gracias en nombre de todos los cobardes que no nos atrevemos a poner un dedo en la ventana a ver si hace frío, a mirar si está nublado, si está lloviendo.

Febrero, 2016

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Están esas compañías de danza clásica: veinte bailarinas haciendo lo mismo, todas al mismo tiempo. Entonces una se retrasa medio segundo y ya pensamos: «gorda cabrona, ¿qué te he hecho yo a ti?». No hay que pensar así. (No hay que pensar). Yo creo que deberíamos aplaudir de pie a esa heroína que desafía esta coreografía lamentable que bailamos juntos cada día. Deberíamos darle las gracias a esa princesa que baila con su bocata de jamón ibérico en la mano, y a veces levanta la pata un poco tarde, y la levanta un poco menos que las otras, no te lo niego, pero eso a mí me dio igual. Cuando terminó la obra me colé en los camerinos y la invité a cenar con la intención de pedirle matrimonio. Me dijo que no tenía hambre. Normal –le dije–, llevas toda la obra comiendo como una gorda asquerosa. Entonces un segurata estiró el brazo y me empezó a correr dentro y luego fuera del teatro, entre contenedores de basura y coches que no frenaban, y corría muy rápido y me decía te voy a matar hijo de la gran puta, ven aquí. La gente es más susceptible. Por favor.

Febrero, 2016

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Cada vez más gente publica libros, graba discos, actúa en obras de teatro. Lo que significa que cada vez hay más gente sensible, gente consciente de lo difícil que es hacer algo y de lo gratificante que es dar lo mejor. Lo terrible es que después, algunas de esas personas, no te da ni las gracias cuando le sostienes la puerta. Ni siquiera la tocan, los hijos de puta, me cago en todo, me entran ganas de talar un bosque de robles a patadas y luego comérmelos y eructar.

Febrero, 2016

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Yo tengo una conexión a internet muy buena. Tal vez demasiado buena, porque el otro día vi ‘Crepúsculo’ y todo iba demasiado rápido. Apenas empezó ya estaban los dos ahí metiéndose mano, metiéndose cosas en la boca. A ver. Igual me equivoco. Creo que me equivoco. Nada. Perdón. Tengo una conexión normal.

Febrero, 2016

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Mando mis libros a concursos pero no para ganar. Ya sé que no voy a ganar. Lo hago para tener un motivo para estar enfadado. Para que no piensen que soy un imbécil. Esta mañana mi novia me ha preguntado: «¿Y a ti qué te pasa?». Le he dicho: «¡¿Y yo qué sé?!». Acabo de publicar los ganadores de otro concurso. Que me pregunte ahora si tiene huevos.

Febrero, 2016

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Demasiado tiempo negándome a escribir a las editoriales. El otro día le escribí a una y creo que lo he conseguido: una pared descascarillada y una mano hinchada.

Febrero, 2016

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Algunas actrices tienen que acostarse con alguien para llegar a algo. Es horrible. Y luego están los escritores, o tal vez sólo sea yo, que ni siquiera puedo acostarme con alguien. Pero nadie se lamenta por esto. Al revés. Se me ríen en la cara. Mi novia la primera.

Febrero, 2016

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El lenguaje ES tecnología, y sus actualizaciones son muy interesantes. La Real Academia actualizó la palabra «sólo» hace más de cinco años –le quitó la tilde– y todavía hoy seguimos discutiendo y bebiendo ron y fumando puros y preguntándonos si hemos hecho bien o mal, y si eso de ahí es un hombre o una mujer, no veo un pijo, qué me das, qué es esto. Si los demás se meten yo también. Y cinco años así, despertándonos en casas desconocidas, con ropa interior prestada, preguntando por el cuarto de baño, y si alguien me ha echado algo en la cara, la tengo como acartonada, hijos de puta, ¿quién ha sido? Esto es una actualización, y no las del whatsapp, que por cierto, nadie me escribe. ¿He dicho…? #Daigual #SóloConTilde

Enero, 2016

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A este paso la obsolescencia programada consseguiráa +“ñf 80efyw mmtar bb4k6xxc

Enero, 2016

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Ayer fui a la casa de un amigo y su padre me ofreció una copa de vino. Le dije que no. Y le expliqué: «no puedo arriesgarme a beber algo que me vuelva un estúpido». Se ofendió. Es obvio que él ya había bebido.

Enero, 2016

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Un rollo de papel higiénico tiene una vida inmaculada, hasta que llega el día trágico. A mí se me acaba de caer uno al suelo y ha empezado a rodar, a desplegarse y a huir. Ha saltado por la ventana y desde el jardín me ha gritado: «Límpiate con las manos, cagón». Yo a veces también lo uso para desmaquillarme. Quiero decir, no sé lo que quiero decir. No es para tanto. Viven como reyes.

Enero, 2016

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Me enamoro espantosamente de una mujer. Nos casamos, nos vamos a vivir juntos. La cosa no funciona. Lo intentamos pero no funciona. Yo soy un tipo civilizado, así que respiro hondo. Luego mando a un señor a que le corte la cabeza delante de una turba furibunda que aplaude y me llama rey de Inglaterra, señor de Irlanda, ole tus huevos. Alguien dirá que esto es una brutalidad, pero con el tiempo dirá ‘Anglicanismo’.

Enero, 2016

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Debo tener unos pies muy extraños, porque todas las zapatillas me hacen daño. Y mujeres. Debo tener unas mujeres muy extrañas también.

Diciembre, 2015

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El marido insiste y la mujer se harta, le dice que en el armarito guarda una banana de 1979. Que si algún día de verdad tiene hambre, si está desesperada, se la come. Antes no, ¿entendido? El marido no entiende. Pero no protesta. Dios ha compensado su estupidez con muchísima imaginación, y una mano dispuesta a todo.

Diciembre, 2015

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Uno idolatra a cantantes por canciones que hoy no podrían ni tararear, a escritores por libros que no recuerdan haber escrito, a modelos por cuerpos que hoy no podríamos ni abrazar. Tal vez la solución está en lo que dijo Bioy Casares en 1999: «Me encantaría volver a ver a E.G. y tomarme un café con ella, pero en 1956».

Diciembre, 2015

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Escribir la idea de un libro de doscientas páginas te puede llevar un minuto. Escribir el libro te puede llevar un mes. Corregirlo un año. Escribir bien el primer párrafo diez años. Publicarlo veinte años. Reconocer que el libro es malo veinte millones de años. Y a mí apenas me quedan cincuenta años, así que no voy a llegar a nada. Por suerte me voy a quedar sin dinero pronto y todos estos problemas ridículos serán reemplazados por problemas de verdad. Alguien me dirá: te he pedido una Coca-cola y me has traído un café, imbécil.

Diciembre, 2015

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Un escritor puede nacer en cualquier sitio: Andernach, Ixelles, Balj o Aracataca. Da igual. Pero si pretende ser un cadáver literario tiene que palmarla en una ciudad potente: Los Ángeles, París, Konya o el D.F. Por eso cada vez que salgo de Madrid entro en pánico. Ayer en Boadilla del Monte una chica empezó a correr y me asusté. Empecé a correr yo también y no paré hasta desmayarme dentro de la M30. Aquí uno puede morir tranquilo. Madrid en el fondo es un viaje de ida a la Wikipedia.

Noviembre, 2015

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Nos emborrachamos con mi novia y entre risas me contó lo que hacía cuando no dormía conmigo. Le pregunté con cuántos y me apretó un moflete: «Se dice el pecado, payaso, no la cantidad».

Noviembre, 2015

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Aquella frase de Margaret Thatcher, respecto al socialismo, también vale para decir lo contrario: «El [capitalismo] es un buen sistema. Hasta que llega un día que el dinero de los demás se acaba».

Noviembre, 2015

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Ser escritor es mucho más que levantarse a media tarde, reventar una botella de ron contra la pared para despertar a las lectoras complacientes y decirles fuera, quiero corregir todo una vez más. ¡Fuera! También hay que leer lo que escriben los demás y llorar porque lo hacen mejor que uno. Es duro pasar el día así. Pero al final siempre se hace de noche y las lectoras complacientes vuelven maullando con sus botellas de ron, y el jardinero dice con orgullo: «Cómo vive el argentino, pedazo artista». Por eso digo. No sé qué digo. Fuera. Por favor. Tengo que corregir todo una vez más.

Noviembre, 2015

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Yo a veces vuelvo del supermercado con productos que ya tenía. La Editorial Dauro me propone esto mismo pero a lo bestia: me editan un libro. (Gran noticia, hablo con mi novia, ella se alegra). Pero después me dicen que primero tengo que comprar algunos ejemplares, de mi propio libro, que ya tengo, naturalmente. –¿Cuántos ejemplares?, pregunto. –Ciento cuarenta y nueve ejemplares, me dicen. Ahora mi novia entra a casa y me dice: «Te vendo esta mesa que es tuya». Y agrega: «¡Imbécil!». Nos reímos de lo que podemos. De mí, básicamente.

Noviembre, 2015

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Algunos autores dejan una mierda compacta, encuadernada y sin olor en las bibliotecas públicas. Si me despisto me la llevo a casa debajo del brazo y me la leo. Un asco, lo sé. Después me paso el día echándome perfume para contrarrestar tanta lectura.

Noviembre, 2015

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Tiene cara de degenerado, pero yo lo conozco desde hace más de diez años y la verdad, no sabría qué decir, es cierto, no lo había pensado, tiene cara de degenerado.

Noviembre, 2015

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¿Alguien sabe cómo hacer un gif? Tengo una idea y creo que se me está pasando el momento de ¿Alguien sabe cómo hacer un gif? Tengo una idea y creo que.

Noviembre, 2015

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Toda esa gente que dice que el sexo es lo más, debería acostarse conmigo y luego hablar.

Noviembre, 2015

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Alien vs Predictor. Una película de terror psicológico.

Noviembre, 2015

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Algunas mujeres se visten como para que uno corra tras ellas. Pero luego uno lo hace y ellas corren más rápido. No lo entiendo. Y no puedo respirar. Espacio, por favor. Me ahogo.

Octubre, 2015

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Conocí a una mujer muy educada. Hasta que una noche —mejor vamos directo a la mañana siguiente— me dijo: follas fatal.

Octubre, 2015

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Cuando veo a esas mujeres hermosas por la calle, o en una oficina, contraigo una deuda enorme con ellas, que rara vez me dejan pagar. Como mucho me dejan pagar un café.

Octubre, 2015

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Esa mosca que en verano se frotaba las manos sabiendo que me iba a tocar los cojones, ahora está del lado de afuera de la ventana y se frota las manos del frío que hace. Le he preparado una taza de té caliente y se la he puesto delante. Con la ventana cerrada.

Octubre, 2015

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Estoy tocando. Entonces la púa se me resbala y se me cae al suelo. Rebota quinientas veces, se aleja doscientos metros y acaba justo debajo, no del sofá, sino debajo de una de las patas del sofá, que pesa mil kilos. Creo que alguien está intentando decirme algo. Se me fueron las ganas de tocar. Me vine a escribir que es mucho mejor. Y no tengo que aguantar estas insolencias.

Octubre, 2015

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Abres un buen libro y te vuelves más inteligente. Lo sé porque me estoy leyendo «La catedral del mar» y afdtohg quri aASHJFK UYFEG

Septiembre, 2015

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Con tanto loco de la comida suelto, algún día la frase de Bergson acerca de los libros en las estanterías acabará refiriéndose a las gambas en la nevera: «una gamba en la nevera es un alma que duerme a la espera de alguien que la saque, la cocine y se la zampe». No es un escándalo si pensamos que la frase tampoco es sólo de Bergson. Antes era un proverbio hindú. «¿Y antes de ser un proverbio hindú?», preguntará alguien. «Una gamba en el mar», diré yo.

Septiembre, 2015